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El cortado del cristal fue sustituido por la técnica del cristal prensado, y más tarde por la del cristal soplado. Mediante esta técnica se crearon frascos de cristal de Baccarat, de principios de siglo, que actualmente pueden comprarse por el módico precio de 1500 dólares.
Algunas de estas fábricas de creadores vidrieros existen aún, es más, algunos diseños de envases de perfumes que se consumen en la actualidad han variado casi imperceptiblemente con respecto a los de principios de siglo, como es el caso del archiconocido Chanel nº 5. Un perfume eterno dentro de un envase eterno.
Cuando un perfume posee calidad y originalidad, este sobrevive a las modas, a las corrientes culturales y a las generaciones, sobreviviendo por tanto en el tiempo y haciéndose imperecedero.
Hoy en día el diseño de un envase es primordial para la comercialización de un perfume. Las técnicas de marketing demuestran que éste se vende más si el diseño es atractivo y revolucionario, pero principalmente ha de ser único, como el perfume que contiene.
Por su parte, la caja que protege a ambos y que en definitiva es la que podemos ver en las estanterías de las perfumerías, tampoco carece de importancia llegada la hora de la comercialización del producto.
Los diseñadores de estas cajas de cartón, comenzaron empleando colores como el negro y el oro, símbolos de elegancia desde siempre. Desde hace poco se ha tendido a sustituir estos colores por otros menos agresivos, como tonos pastel o blancos, que según los expertos sugieren delicadeza y distinción.
Entre los grandes diseñadores de envases, podemos citar a Pierre Dinand, creador de Armani, de Giorgio Armani, Calandre, de Paco Rabanne, y Opium e Y de Yves Saint Laurent; Serge Mansau, autor del diseño de Fidji, de Guy Laroche, y el español André Ricard, creador de Quorum, de la firma Puig.
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