La fórmula

Sin una cuidada fórmula para la elaboración de un perfume, éste no existe. La fórmula es el alfa y omega de todo perfume.

       La idea no es mezclar aromas afines al azar en una probeta para conseguir algo que huela bien, sino combinarlos en las proporciones adecuadas teniendo en cuenta que ciertas esencias no son compatibles con otras, y que se pueden alterar las propiedades de ambas en la mezcla.

      Como explica el creador de perfumes de fama universal Edmund Roudnitska, "Componer no es equilibrar productos, sino conjugarlos, es decir, sacar partido de todos los atributos para obtener una forma nueva e interesante, que será el resultado de todas las formas que lo componen, algo que va más allá de la simple adición y neutralización…".

      Aunque la primera fórmula que conocemos de un perfume parte de un escrito del s. XIII a. C., estas han evolucionado mucho debido tanto a la experimentación como a los avances tecnológicos. Hoy en día, mediante técnicas de cromatografía de gases, podemos averiguar, con una aproximación bastante sorprendente, los componentes de un perfume cualquiera por complicada que sea su fórmula, así como sus proporciones exactas. Aquí entra en juego la imitación. En estas últimas dos décadas, y gracias a esta técnica, las imitaciones de perfumes han alcanzado tal auge, que un gran perfumista lo tendría difícil a la hora de diferenciar una gran creación de una vulgar imitación.
    

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